viernes, 12 de mayo de 2017

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Soy adicta. Está claro. Qué será de mí cuando muera mi gato. ¿Existe alguien verdaderamente libre? El afecto es adictivo. Y más el incondional, o sea, el de los animales. El más fácil de retroalimentar. De la existencia, lo que más me agobia es esta necesidad. Tal vez porque preferiría no tener que esforzarme nada.  Eso de fluir sirve para algún momento. Lo  demás es esfuerzo. Y la ley de la compensación.  Y constatemente medir y calcular lo que recibes, lo que das. Siempre me viene a la cabeza un poema de Wislawa Szymborska ("Agradecimiento").  Ya sé que existen los altruistas, los que nunca calculan. ¿Existen? Vivir no es levantarse cada día y consumir vida cotidiana y bla bla bla.  Vivir encierra entender esos mecanismos entre los que nos movemos. Y no quiero generalizar. Hablo de mí. Seguro que hay quien tiene otros parámetros. Afortunadamente para él o ella. La libertad que yo querría se parece mucho a ser inteligente, activa, autosuficiente, fría y resolutiva. Y mientras escribo tales cualidades yo misma me asusto y me escandalizo, supongo que porque soy un ser socialmente domesticado y adoctrinado (eggs!). Pero esa sería, para mí, la única forma de ser libre. Tampoco estoy muy segura de nada de lo que escribo. Ni de lo que pienso. Podría decir miau. Y guau en la línea siguiente. Y todo hablaría de los sentimientos que me produce cada uno de los razonamientos. Contra más vivo más aleatoria me vuelvo.

Otras formas: http://carlotaexnihilo.blogspot.com.es/2017/05/yerro.html



2 comentarios:

  1. Muy "contra" estás, querida. Lo de los balances sólo lo solucionan las birras y una rotura masiva de espejos, al menos, en mi caso. Besos, recontra.

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  2. Exagerà. Siete años chungos sería peor. No estoy contra. Es un ejercicio para entender. Y estar mejor, a ser posible. A ver si sí birra por fin

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