martes, 11 de abril de 2017

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Generalización y ejercicio consciente (jua!)

No me gusta cómo están las cosas. El amor dormido. Las puertas cerradas. La lista recién estrenada de la última vez que hice... Escribir es un bálsamo. Engañar a la muerte que siempre ha estado dentro.  Hacer ver que no pasa nada. Que, mira, ves cuánto aprendo, cuánto asumo. La vida, mientras tanto, sigue pellizcándote los miedos. Estas generalizaciones no me sirven de nada. Esta cara que pongo es la misma que veo en otras gentes. Cara de ahora no puedo porque me supera todo este miedo, todo lo escondido. No sé cómo se hace para reír como antes. He salido a escuchar atentamente ruidos en la calle. Para estar presente. Por eso del ahora.  Para romper la cadena de acciones compulsivas. Para callarme por dentro. Para confiar. Para confortarme. Para nada. ¿Para qué?

Post-reflexión


Es una putada esta soledad que me obliga a ser yo. Desnuda de otras gentes. Es más fácil vivir adosada a otro cuerpo. Hacer listas de cosas, dar besos, criticar al otro, llorarle, gritarle, reírle, comprarle ropa, dar paseos, aburrirse, pensarle, oírle, querer que no esté, echarle de menos. Eso te mantiene ocupada los días. Que luego son años. Cuando piensas lo del sentido de la vida en seguida se te pasa. Lo abrazas en la cama y la vida parece inacabable. Es más fácil. Vivir adosada a otro cuerpo hace que te olvides.

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