viernes, 10 de marzo de 2017

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Que dicen que los suecos se pierden en los bosques, con esa manía de hacerlo todo solos. Cuántos suecos perdidos. Es como si llegaran a mi provinciana ciudad de regreso un domingo por la noche. Todo está solitario, cerrado y oscuro. Hay hasta casi silencio en las calles. Todo se vuelve muy sueco a mi alrededor. Independencia y soledad, dos caras de la misma moneda. Y a mí que me tira tanto el norte... desde que un amante que tuve llegara con un catálogo de sus pinturas inspiradas en Nordkapp bajo el brazo. Que tengo de libro de cabecera a un noruego inadaptado afincado en Suecia. Libro recomendado por un no sé si amigo poeta también algo sueco, con el que no alcanzamos nunca a comunicarnos desde el centro, porque no vaya a ser que nos gustemos, menudo problema.

Le doy vueltas a esta carrera ascendente hacia la independencia... personal. Una misma como centro del mundo, como su mejor y único proyecto, el viaje solitario hacia la felicidad, la liberación de las relaciones interpersonales ... y los suecos perdidos. Y lo sueca que soy.

Y otros articulistas de cabecera como Rosa Montero que hacen elegías de lo sencillo a diario. Homenajes a las pequeñas vidas que somos cada uno. Esta pequeña vida que tengo en las manos y que diariamente se convierte en un gran dolor, una gran tristeza o un gran pasar pasar pasar el tiempo.

Josep M. Pou, reconocido actor de teatro, declara en una entrevista: “Vivo sin anclarme ni física, ni mental ni sentimentalmente. No tengo domicilio fijo, ni ideas fijas, ni pareja fija. Siempre en el camino con la maleta a punto”. Lo leo y me produce angustia, lo noto. Parece sueco también. E inconsistente. Como a punto de fundirse con el universo. Y me parece que él sí está cerca del no sufrimiento. Porque toda esta teoría sueca del individualismo y la poca interdependencia, todo eso, era para ir en busca de la felicidad. Pero dicen que los suecos mueren solos. Y parece que no es bueno.

Leo también a otro conocido que quiere alas en lugar de raíces. Que grita lo libre y viajero que es el ser que habita. Que dice que son ellas las que quieren el nido y las rejas. Otro café que tengo atragantado. Pero yo vuelvo siempre a su bitácora. Porque yo no quiero ir en busca de la felicidad. No quiero ser sueca. A mí, directamente, me gusta sufrir. Ponerme de bandera lo que nunca voy a poder ser y creer que eso, eso sí que es lo bueno.

3 comentarios:

  1. Uffff, que bien te explicas nena, a mi me gustaria muchas veces "hacerme el sueco"
    Un beso preciosa

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  2. Yo , de sueca lo podría parecer, pero tengo mas amarres que esos transatlánticos que viajan hasta suecia llenos de turistas.
    Aun asi, le estoy pillando el gusto a la independencia emocional.
    Besos ,Maribel.

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