viernes, 13 de enero de 2017

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Feroz como el lobo es el aburrimiento. La falta de amor, según Cristina Peri Rossi. Ella dice que el amor nos descubre nuestra fragilidad y que para eso, para dejar las venas al aire, hay que ser muy valiente. Qué aburrida estoy. Karl Ove Knausgard tiene un físico de esos que me descubriría fragil. Con el que el aburrimiento se convertiría en montaña rusa y desasosiego (creo). Pero es su mente, sobre todo, la que voy descubriendo al leer La muerte del padre. Yo no he leído a Proust, sinceramente, pero dicen que va en la línea de su En búsqueda del tiempo perdido. Da igual. Sea como sea, leo la mente de Karl Ove. Cómo siente la vida. Cómo le duele. Cómo busca. A veces me sobran algunos de sus recuerdos. Veo en él a muchos de mis compañeros de juegos de infancia y adolescencia. Sus intereses musicales, la rebeldía. Me retrotraigo a mis 14 y entiendo lo que debían pensar los chicos de mi entorno. Lo veo claro. Karl Ove es de verdad. Para mi gusto se explaya demasiado en recuerdos. Aunque su prosa es rápida y fresca, creo que podría serlo más. Pero ahí sigo. En busca de la historia. Siempre me atraen las descripciones de los paisajes internos. Es lo que me importa. Por lo demás, es enero. No he hecho propósitos. Me parece vulgar e inútil. No porque sea enero descubro que debería cambiar rutinas. Eso lo sé hace tiempo. Pero no quiero. De momento.

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