viernes, 16 de diciembre de 2016

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Soy bobaryniana. Este carácter tan tendente al sentimiento, que no al arte (o a la razón) me hace así. Debo entenderlo. No me interesa nada que no vaya directamente al alimento del corazón, la casa de las emociones. Debo entenderlo. Y aceptarlo. Si es que quiero rozar en algún momento la felicidad, la plenitud. Y no acabar, en todo caso, como Emma. En la Universitat de Girona ofertan un curso titulado “Ser feliç és una feinada. O no? Filosofia de la felicitat”. Me cae un poco lejos, que si no... A lo que iba. Lo intento. Planeo viajes, pateo exposiciones, pseudoescribo. Hasta mi  forma de leer me delata: voy al tuétano, al origen del conflicto, del sentimiento, a la historia sin ornamentos que me quieran contar en ese momento. Lo siento pero no me fijo en la forma. Me interesa poco el lenguaje. Yo voy quitando escombros y me quedo con la piedra gris, sujeto, verbo, complemento (si fuese necesario). Sujeto. Verbo. Y efecto. Qué le voy a hacer. Soy bobaryniana.

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